Gente
Un domingo más y oficialmente se ha convertido en mi día favorito de la semana. Un domingo más, vamos a la plaza, montamos el puesto y esperamos a que los curiosos se acerquen a compra libros de segunda mano, fotos o quizá un cuadro.
Es curioso estar allí viendo a toda esa gente pasar. Algunos entablan conversación con nosotros. Todos muy diferentes... ¿Esa mujer no parecía estar enamorada de mí? Y aquella parece otra de esas que se ganan la vida metiendo palizas... no, ¡vaya! Viene a comprar libros sobre historia. A ese ni mirarlo: es de los borrachos que se dedican a acosar a las chicas de una forma que... ¿realmente les funciona alguna vez? Ahora la pareja de extranjeros con la sonrisa de oreja a oreja... creo que es contagiosa.
Sale el sol, se vuelve a esconder. Ponemos música y bailamos. Empiezo a ser demasiado feliz y no paro de hablar con todo el mundo... ¿Tú también estudias fotografía? Te amo. Me acabo de cortar el dedo con un bisturí ¡Qué basureros más simpáticos tenemos!
Siempre he dicho que no se me da bien relacionarme con la gente pero creo que ahora mismo estoy dispuesto a reescribir todo eso. Somos casi 7.000 millones y ninguno es siquiera muy parecido a otro. A veces ves en su cara sus pensamientos, a veces ves cómo se ríen por compromiso, a veces te das cuenta de que con quien acabas de hablar podría ser tu mejor amigo... Nos impresionamos mutuamente, nos callamos cosas al mismo tiempo porque decirle ese tipo de cosas a un desconocido sería demasiado extraño... ¿Por qué todo está tan bonito?
Se acerca la hora de comer. La plaza se vacía. La hipioide de enfrente recoge sus collares y sólo los borrachos se quedan en los bancos hablando entre ellos. Curioso. Todo.
Me parace que soy feliz con cualquier tontería ¿Podía pedir más?... ¿El amor de mi vida? Eso mejor mañana.





